Son las once de la noche, ya lo has borrado de todas partes, ya se lo has contado a tus amigas, ya te has prometido que esta vez sí. Y aun así, hay una parte de ti que quiere escribirle. O que, si él escribe primero, va a contestar.
Si esto te resulta familiar, probablemente ya has oído consejos de todo tipo,"tú vales más", "bloquéalo y ya", y probablemente ya sabes que no es tan sencillo. Vamos a mirar qué dice la investigación sobre por qué pasa esto, si eso que sientes es amor, qué se puede trabajar para dejar de aferrarte a este tipo de vínculo, y cómo se supone que debería sentirse una relación que sí es sana.
El vínculo traumático: por qué el daño no rompe el apego, a veces lo refuerza
En 1981, los investigadores Donald Dutton y Susan Painter publicaron un estudio que dio nombre a este fenómeno: vínculo traumático (traumatic bonding). Analizando relaciones marcadas por abuso intermitente, describieron dos condiciones que, combinadas, producen un apego especialmente difícil de romper: un desequilibrio de poder entre ambas personas y una alternancia entre trato dañino y trato afectuoso. Un estudio posterior de los mismos autores (Dutton & Painter, 1993) encontró que la intermitencia del maltrato,no solo su intensidad, predecía cuánto apego seguía sintiendo la persona meses después de haber terminado la relación.
La explicación que proponen tiene que ver con el condicionamiento: el refuerzo intermitente (momentos buenos que aparecen de forma impredecible, entre otros que duelen) genera un vínculo más resistente que el refuerzo constante, algo ya descrito en psicología del aprendizaje mucho antes de aplicarse a las relaciones. Dutton y Painter (1981) lo describieron con la imagen de una goma elástica: la persona se aleja durante un tiempo, pero algo tira de ella hacia atrás.
El ciclo que hace que "esta vez sea diferente"
La psicóloga Lenore Walker (1979) describió un patrón que se repite en muchas relaciones dañinas: una fase de tensión creciente, un episodio de conflicto o daño, y después una fase de reconciliación en la que la otra persona se muestra especialmente cariñosa, arrepentida o atenta. Es precisamente esa tercera fase la que sostiene la esperanza de que "esta vez sí va a cambiar".
Conviene decir que el modelo de Walker ha recibido críticas razonables desde entonces,no todas las relaciones dañinas siguen fases tan claras, y el "ciclo" no debería usarse para predecir cuándo es "seguro" quedarse o irse, pero la idea central, que el trato cariñoso intermitente sostiene la relación, coincide con lo que describe la investigación sobre vínculo traumático.
Por qué el cerebro insiste en volver
Hay otra pieza que no depende de esta relación en concreto, sino de cómo cada persona tiende a vincularse en general. Un estudio de Cope y Mattingly (2021), publicado en el Journal of Social and Personal Relationships, encontró que las personas con apego ansioso,quienes tienden a necesitar más reafirmación y a ser especialmente sensibles a señales de rechazo, mostraban más deseo de retomar una relación terminada, y que ese deseo estaba mediado por algo muy concreto: una pérdida de claridad sobre su propia identidad tras la ruptura.
Dicho de otro modo, en este estudio, volver con la ex pareja funcionaba como un intento de recuperar una sensación de quién se es, más que como una decisión sobre la relación en sí. Otro estudio de Davis, Shaver y Vernon (2003) encontró que las personas con apego ansioso también mostraban más intentos activos de reunirse con la expareja y más malestar tras la ruptura que las personas con apego seguro.
¿Vuelvo con mi ex porque lo quiero?
Es probablemente la pregunta más difícil de responder desde dentro del propio bucle, porque lo que se siente al querer volver es, subjetivamente, indistinguible del amor: hay urgencia, hay foco casi obsesivo en la otra persona, hay alivio cuando responde y malestar cuando no.
La antropóloga Helen Fisher y su equipo (Fisher et al., 2016, Frontiers in Psychology) proponen que esto no es casualidad: el amor romántico intenso activa las mismas regiones cerebrales del sistema de recompensa,entre ellas el área tegmental ventral y el núcleo accumbens, que se activan en las adicciones a sustancias, y que síntomas como el ansia, la tolerancia, la dependencia emocional, el síndrome de abstinencia y la recaída, descritos en el consumo de sustancias, aparecen también en el amor romántico intenso.
Fisher distingue además tres sistemas cerebrales distintos implicados en los vínculos de pareja: el deseo sexual, el amor romántico (asociado al ansia y la motivación) y el apego (asociado a la calma y el vínculo a largo plazo). Estos sistemas pueden activarse de forma independiente. Esto significa que sentir una atracción intensa, incluso una sensación de "necesitar" a esa persona, no es lo mismo que tener con ella un vínculo de apego seguro y sostenible.
Puede haber ansia sin que haya, necesariamente, una relación que aporte calma, seguridad o bienestar sostenido. No es una forma de invalidar lo que sientes, sino una invitación a diferenciar la intensidad de la emoción de la calidad real del vínculo.
Qué hay que trabajar para no seguir aferrándote a este tipo de vínculos
Aquí es donde entra el concepto de apego "ganado" o earned secure attachment, descrito por Mary Main y su equipo (Main, Kaplan & Cassidy, 1985) a partir de investigación con la Entrevista de Apego Adulto. Su hallazgo central es que el patrón de apego de la infancia no determina de forma fija el patrón de apego adulto: personas que crecieron con vínculos inseguros pueden desarrollar, más adelante, una forma de relacionarse mucho más segura, a través de experiencias relacionales reparadoras y sostenidas en el tiempo, muchas veces en terapia, otras en relaciones posteriores que ofrecen justo lo contrario de lo que se vivió antes.
En la práctica, esto suele implicar varios frentes trabajando a la vez:
- Tolerar el propio "síndrome de abstinencia" del vínculo sin ceder al impulso de contactar, sabiendo que,según la investigación de Fisher, esa sensación de ansia disminuye con el tiempo si no se refuerza, igual que ocurre en otros procesos de craving.
- Entender qué parte de ti es la que más se aferra y por qué. No toda tú quieres volver: casi siempre es una parte concreta,la que teme la soledad, la que necesita cerrar algo pendiente, la que aprendió que el amor viene con incertidumbre, la que está tirando de esa decisión.
- Reconstruir la claridad sobre tu propia identidad fuera de la relación, ya que el estudio de Cope y Mattingly (2021) mostró que precisamente la pérdida de esa claridad es lo que empuja a muchas personas con apego ansioso a querer volver.
Trabajar reconociendo esa parte específica, en lugar de pelear contra "toda tú" o intentar silenciarla, suele generar menos culpa y menos rebote hacia la relación que tratar el impulso como si fuera toda tu voluntad fallando.
Qué deberías sentir en una relación sana
Aquí ayuda tener un punto de referencia claro, porque cuando se ha vivido mucho tiempo dentro de un vínculo intermitente, la calma puede llegar a sentirse como aburrimiento, y la intensidad como amor.
La investigación de Feeney y Collins sobre apego adulto (Collins & Feeney, 2000; Feeney, 2004; Feeney & Thrush, 2010) describe dos funciones que debería cumplir una relación de pareja sana, resumidas en dos conceptos: el refugio seguro (safe haven) y la base segura (secure base).
Refugio seguro
Tiene que ver con lo que ocurre cuando estás mal: en una relación sana, buscar apoyo en tu pareja en un momento de malestar suele traducirse en sentirte escuchada, reconfortada y con el ánimo mejorado después, no en sentir que tienes que gestionar también su reacción o que es más seguro no contarle nada.
Base segura
Tiene que ver con lo que ocurre cuando las cosas van bien: Feeney y Thrush (2010) identificaron tres características concretas,disponibilidad, ausencia de interferencia y ánimo activo, que predicen que una persona se sienta libre de perseguir sus propios proyectos, relaciones y objetivos sin miedo a que hacerlo ponga en riesgo el vínculo.
Traducido a señales más cotidianas, esto suele parecerse a:
- Sentir que puedes relajarte en la relación en lugar de estar permanentemente alerta al estado de ánimo del otro.
- Que el cariño no es intermitente ni impredecible, sino razonablemente estable.
- Que tus proyectos propios,amistades, trabajo, aficiones, se sienten apoyados y no como una amenaza.
- Que un desacuerdo se puede resolver sin que la relación entera quede en el aire cada vez.
Ninguna relación cumple esto al cien por cien todo el tiempo, y no se trata de un examen que aprobar o suspender, pero sí es un punto de referencia útil cuando la costumbre ha sido justamente la contraria.
Esto no explica cada caso, pero sí explica el patrón
Ninguna de estas líneas de investigación afirma que todas las personas que vuelven con una expareja tengan un apego ansioso o estén en una relación de vínculo traumático; las razones para volver son variadas y no todas indican un patrón problemático.
Lo que sí aportan estos estudios es una explicación de por qué, cuando el patrón sí está presente, la fuerza de voluntad suele ser insuficiente por sí sola: no se está compitiendo solo contra el deseo de estar con esa persona, sino contra un mecanismo de condicionamiento parecido al de una adicción y, en muchos casos, contra una historia de apego que empezó mucho antes de esta relación.
Cómo trabajamos esto en consulta
En terapia no partimos de la idea de que basta con "tener más claridad" o "quererte más" para romper este patrón, porque la investigación sugiere que el mecanismo es más complejo que eso. El trabajo suele avanzar en varios frentes en paralelo: reconocer el ciclo concreto en el que estás y qué lo activa; tolerar el impulso de contacto en los momentos de mayor ansia sin ceder a él; identificar y trabajar con la parte concreta de ti que más se aferra, en lugar de tratarlo como una cuestión de voluntad general; y reconstruir, sesión a sesión, una relación contigo misma lo bastante clara como para no necesitar la relación anterior para sentir que sabes quién eres.
Cuando el origen del patrón está en experiencias tempranas de apego, ese es también un terreno que trabajamos, porque es ahí donde suele estar la raíz de lo que se repite.
No estás compitiendo contra tu voluntad. Estás compitiendo contra un mecanismo que se parece más a una adicción y a una historia de apego que empezó mucho antes de esta relación.
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Fuentes
Dutton, D. G., & Painter, S. L. (1981). Traumatic bonding: The development of emotional attachments in battered women and other relationships of intermittent abuse. Victimology: An International Journal, 6(1–4), 139–155.
Dutton, D. G., & Painter, S. (1993). Emotional attachments in abusive relationships: A test of traumatic bonding theory. Violence and Victims, 8(2), 105–120.
Walker, L. E. (1979). The Battered Woman. Harper & Row.
Cope, M. A., & Mattingly, B. A. (2021). Putting me back together by getting back together: Post-dissolution self-concept confusion predicts rekindling desire among anxiously attached individuals. Journal of Social and Personal Relationships, 38(1), 384–392.
Davis, D., Shaver, P. R., & Vernon, M. L. (2003). Physical, emotional, and behavioral reactions to breaking up: The roles of gender, age, emotional involvement, and attachment style. Personality and Social Psychology Bulletin, 29(7), 871–884.
Fisher, H. E., Xu, X., Aron, A., & Brown, L. L. (2016). Intense, passionate, romantic love: A natural addiction. Frontiers in Psychology, 7, 687.
Main, M., Kaplan, N., & Cassidy, J. (1985). Security in infancy, childhood, and adulthood: A move to the level of representation. Monographs of the Society for Research in Child Development, 50(1–2), 66–104.
Collins, N. L., & Feeney, B. C. (2000). A safe haven: An attachment theory perspective on support-seeking and caregiving in adult romantic relationships. Journal of Personality and Social Psychology, 78(6), 1053–1073.
Feeney, B. C. (2004). A secure base: Responsive support of goal strivings and exploration in adult intimate relationships. Journal of Personality and Social Psychology, 87(5), 631–648.
Feeney, B. C., & Thrush, R. L. (2010). Relationship influences on exploration in adulthood: The characteristics and function of a secure base. Journal of Personality and Social Psychology, 98(1), 57–76.
Terapias relacionadas
Preguntas frecuentes
¿Por qué vuelvo con mi ex aunque me haga daño?
Porque el daño no rompe automáticamente el apego; a veces lo refuerza. La investigación sobre vínculo traumático de Dutton y Painter (1981, 1993) muestra que la alternancia entre trato afectuoso y trato dañino genera, por condicionamiento intermitente, un apego más resistente que el trato constante. A eso se suma que, en personas con apego ansioso, la ruptura provoca pérdida de claridad sobre la propia identidad (Cope & Mattingly, 2021), y volver funciona como un intento de recuperar esa sensación de saber quién se es. No es debilidad, es un mecanismo psicológico bien descrito.
¿Esto significa que tengo un trastorno de apego?
No. El apego ansioso es un patrón relacional frecuente, no un diagnóstico clínico. Se trabaja como una tendencia que se puede modificar a través de experiencias relacionales reparadoras, lo que se conoce como apego ganado o earned secure attachment (Main, Kaplan & Cassidy, 1985), no como una etiqueta fija. Muchas personas que crecieron con vínculos inseguros desarrollan, con acompañamiento terapéutico o relaciones posteriores sanas, una forma de relacionarse mucho más segura.
Ya sé todo esto, lo he leído, lo he visto en redes, ¿por qué sigo volviendo?
Es habitual y no significa que estés fallando. Entender el patrón intelectualmente no siempre desactiva el impulso, porque según la investigación de Fisher et al. (2016), el mecanismo se parece más al de una adicción,con ansia, tolerancia, síndrome de abstinencia y recaída, que al de una simple decisión racional. Por eso el trabajo en terapia incluye herramientas concretas para el momento del impulso, no solo comprensión teórica.
¿Y si la relación no fue "tan grave", solo tóxica a ratos?
El vínculo traumático no depende de que haya habido maltrato severo. Según Dutton y Painter, lo que sostiene el apego es la intermitencia entre daño y cariño, que puede darse en muy distintos grados de intensidad. Una relación con daño emocional intermitente pero no físico también puede generar este patrón, y también merece ser trabajada.
¿Cómo se debería sentir una relación sana?
La investigación de Feeney y Collins describe dos funciones básicas: refugio seguro (poder acudir a la pareja cuando estás mal y salir del encuentro sintiéndote mejor, no peor) y base segura (sentirte apoyada al perseguir tus proyectos, amistades y objetivos, no controlada ni saboteada). En la práctica, se traduce en poder relajarte en la relación, un cariño estable y no intermitente, y desacuerdos que se resuelven sin que todo el vínculo quede en el aire cada vez.
¿La terapia es online?
Sí, todas las sesiones se realizan online mediante videoconferencia, con la misma confidencialidad que una consulta presencial. Trabajo con personas de toda España y con españolas en el extranjero.
Este artículo tiene carácter informativo y no sustituye la evaluación ni el tratamiento de un profesional de la salud mental. Si sientes que necesitas ayuda, consulta con una psicóloga colegiada.
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